38 AÑOS CON “ENCUENTROS CERCANOS DEL TERCER TIPO”

A propósito del cumpleaños de mi película favorita (15 nov. 1977/15 nov. 2015), esto escribí en noviembre 2007.

EL SOL SALIÓ ANOCHE Y ME CANTÓ

Ayer compré el box set con la edición 30th aniversario de Encuentros Cercanos del Tercer Tipo (EC3) en DVD. Tres discos, cada uno con una versión distinta del filme (la original del 77, la extendida del 80 y el corte de director del 98), un afiche mapa, un libro de fotos y un centenar de extras. Todo para llorar como pendejo, sobre todo si se trata de MI GRAN película fetiche de todos los tiempos; mi top one absoluto y en mi humilde opinión el Spielberg más inspirado . Anoche lloré como cabro chico al revisarla versión original de 1977 que no había visto (En cines y en TV vi la del 80, luego en DVD compré el corte del 98).
EC3 es perfecta, hermosa, simple, tremenda. Una gran historia acerca de lo peor de la clase media gringa, que busca y encuentra la redención en un hecho sobrenatural. Eso es puro pop, pero pop con contenido y con perdón, con harto más cine que todos los Padrinos juntos… permiso para exagerar.
EC3 es religiosa, nos habla de la fe, de devoción, de cine por cine, de música y de conversar. Que bello es aquello de, “comienza la clase de lenguaje intergaláctico”, cuado nave y tecladista intercambian sonidos y colores. Su tema no son los marcianos que vienen a raptarnos -menos los mesías hebreos que ve Gastón Soublette por todos lados-, sino lo “marciano” que puede llegar a ser un mecánico del peor suburbio del medioeste norteamericano, que un día encuentra la luz al final del túnel. Y esa luz es guiada por uno de los mas brillantes cinaestas salidos de Francia: Francois Truffaut. Literalmente el cine te salva la vida. El personaje de Lacombe, no es un ufólogo, sino un contador de historias que le propone a Neary (Richard Dreyfus), un mundo mejor, un mundo con finales felices, un mundo meta-cinematográfico al fin y al cabo.
Spielberg dice que hoy, de poder rodarla de nuevo, no haría que Neary abandonara su familia ni menos que le diera ese ambiguo beso a Gillian, mientras la mothership desciende tras la Torre del Diablo. Menos mal que la filmó el 77, cuando no sólo era tan talentoso como hoy, sino que tenía cojones gordos.
Un cuento para adultos absoluto, realizado con artesanía estatuaria, clásico de clásicos. De todos mis filmes fetiches de infancia, es el único que ha envejecido bien en mi percepción. Y ell único que no me canso de repetir y repetir. Star Wars, las Rocky, Blade Runner incluso, ninguna ha madurado tan bien como EC3, quizás porque al contrario que las anteriores, en EC3 hay personajes de verdad, queribles y con problemas, no sólo efectos especiales de carton piedra, ni arquetipos míticos que en el fondo siempre hemos sabido es discurso new age… En EC3, importan más los vecinos que los platos voladores. Y ahí esta la fórmula secreta de las grandes historias, las que perduran, las que nos hablan de personas. Esa es la diferencia entre un verdadero clásico y sólo una buena película (o libro, o comic, o canción). Es como El Eternauta (ver post anterior), quizás su cuento de invasores alienígenas y viajeros en el tiempo suena hoy a chiste viejo, pero la distancia, lo que la marca y la hace colosal es que en Oesterheld -y en EC3- hay también casas, autos viejos, niños gritones, mujeres histéricas y buenos tipos, con mala suerte que sólo buscan a hacer lo correcto. Visto así, no hay mucha diferencia entre EC3 y Que bello es vivir… En una hay discos voladores con marcianos saltarines, en la otra ángeles un poco borrachos.
Hoy veré la extendida del 80, mañana el corte del 98. El sábado tal vez me repita nuevamente la del 77, sé que voy a la segura.